La demanda llega por todos lados y en todos los formatos: una jefatura que necesita cambiar un proceso, una obligación con fecha externa, un proyecto que quedó a medias, un pedido de la dirección para evaluar una idea. Cada uno se anota donde alcanza, y ninguno queda en el mismo lugar que los demás.
Hoy la lista vive donde alcanzó: planillas de Microsoft Excel por área, correos con el pedido original, y los casos de negocio y las actas en el repositorio documental de la organización, por ejemplo Microsoft SharePoint en Microsoft 365.
La reportería de portafolio en Microsoft Power BI resume el avance declarado. Ninguna de esas piezas registra qué solicitud se unió a cuál, quién quedó a cargo del pendiente que detiene una iniciativa, ni con qué criterio quedó por debajo de otra en el ciclo anterior.
Cuando llega la reunión de priorización, buena parte del tiempo se va en reconstruir la lista: qué se pidió exactamente, quién lo patrocina, si ya estaba planteado, de qué depende y en qué estado quedó el ciclo pasado. Se decide con la información que alcanzó a reunirse, no con la que la organización ya tiene.
Una iniciativa priorizada todavía no está decidida, y una iniciativa aprobada todavía puede tener condiciones que cumplir antes de que el trabajo arranque.