Una incorporación, un traslado, un cambio de jefatura o una salida ponen en marcha trabajo simultáneo en RR. HH., el área solicitante, TI, administración y, según el caso, seguridad, finanzas o el área legal. Cada área conoce su parte y ninguna ve el conjunto: qué tarea quedó sin dueño, quién ya confirmó la suya y qué falta para que el evento esté completo.
El evento se coordina con lo que hay a mano: una planilla de Microsoft Excel con la lista de tareas del ingreso, correos a TI y a administración para pedir accesos y elementos, y carpetas en Microsoft SharePoint donde queda la documentación firmada. Cada pieza cumple una función útil y ninguna deja constancia de qué tarea quedó sin responsable, quién confirmó cada habilitación y con qué evidencia se dio el evento por completado.
El costo aparece después: un acceso que llega tarde, un equipo que nadie retiró, una firma pendiente que aparece en una revisión, un cambio de rol registrado un mes más tarde. En los casos sensibles, además, coordinar por correo deja de ser un problema de eficiencia y pasa a ser uno de confidencialidad.
El evento no se atrasa por falta de tareas: se atrasa porque ninguna de esas listas permite afirmar, en una fecha concreta, que el evento está completo y con qué evidencia.