La deducción aparece cuando el cliente paga menos de lo facturado y descuenta por su cuenta: una promoción que no se aplicó, un precio distinto del pactado, un faltante en la entrega, una avería, un cargo logístico o una multa por nivel de servicio. El aviso de pago llega con el motivo resumido en una línea y, muchas veces, con varios conceptos descontados bajo un mismo documento.
A partir de ahí el caso circula: comercial evita tensionar la cuenta, cuentas por cobrar necesita limpiar el saldo, logística tiene la evidencia de entrega y el plazo para reclamar se acorta.
El análisis se arma con lo que hay a mano: planillas de Microsoft Excel donde cada ejecutivo lleva sus propios casos, correo para pedir la copia de la guía de despacho o la evidencia de la promoción, y reporting en Microsoft Power BI sobre el saldo deducido acumulado. Cada pieza cumple una función útil y ninguna deja constancia de qué se reclamó, quién reunió el respaldo, qué se negoció y con qué autorización quedó cerrada la diferencia.
El problema no es la falta de información: es una diferencia económica sin responsable, sin plazo y sin un cierre que alguien pueda sostener frente a la contraparte.